El cannabidiol, un aliado potencial contra el cáncer de hígado
Por: Dra. María de Guadalupe Chávez López, Dra. Fernanda Villarruel Melquiades, Dra. Estrella del C. Cruz Manzo y Dr. Javier Camacho.
Departamento de Farmacología. Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, Ciudad de México, México. fcamacho@cinvestav.mx
Fecha de publicación: 01/04/26
El cáncer de hígado representa un importante desafío para la salud mundial, figurando entre las principales causas de muerte relacionadas con el cáncer. Los principales factores de riesgo para el desarrollo de esta enfermedad son la cirrosis, la infección por los virus de la hepatitis B o C, el abuso de alcohol, factores genéticos y enfermedad del hígado graso, entre otros.
A pesar de las mejoras en los programas de vigilancia y el desarrollo de nuevas modalidades terapéuticas, la mayoría de los pacientes son diagnosticados en etapas avanzadas, cuando las opciones curativas ya no son viables. En estos casos, el tratamiento de la enfermedad se basa principalmente en enfoques que ofrecen beneficios de supervivencia muy limitados y que, además, pueden verse afectados por la resistencia o la toxicidad relacionada con el tratamiento. En este escenario, resulta inevitable preguntarse si realmente estamos explorando todas las alternativas disponibles para enfrentar esta enfermedad. Por un lado, existe una necesidad urgente de contar con nuevos elementos para el diagnóstico temprano y por otra parte, es todavía más urgente el desarrollo de nuevos tratamientos que sean capaces de prevenir el avance de la enfermedad y mejorar la supervivencia y calidad de vida de las y los pacientes a largo plazo. En este contexto, los compuestos naturales han cobrado cada vez más importancia como posibles agentes anticancerígenos complementarios o alternativos.
Durante años se han atribuido diversos beneficios al uso de la mariguana, ya sea emocionales y/o físicos. La planta de la mariguana (Cannabis sativa) contiene aproximadamente 120 compuestos llamados fitocannabinoides, de los cuales, el Δ9-tetrahidrocannabinol (Δ9-THC) y el cannabidiol (CBD) son los mas estudiados y abundantes.
El Δ9-THC es el mayor componente psicoactivo de la mariguana, lo que implica que actúa sobre el sistema nervioso, alterando las funciones mentales. Por esta razón, su uso clínico es muy limitado y está dirigido principalmente al tratamiento de náuseas y vómitos en pacientes que reciben quimioterapia y en algunos casos para el manejo de los síntomas en enfermedades autoinmunes. Por otra parte, el CBD es el mayor fitocannabinoide no psicoactivo de la mariguana y se le han atribuido propiedades antioxidantes, antiinflamatorias, antidepresivas, ansiolíticas, anticonvulsivas, antieméticas, antirreumáticas, analgésicas (principalmente en cáncer) y antipsicóticas.
Interesantemente, en años recientes, diversos estudios científicos han propuesto al CBD como un compuesto prometedor con potenciales efectos preventivos y terapéuticos en diversos tipos de cáncer.
Hablando específicamente del cáncer de hígado, múltiples investigaciones demostraron que el CBD puede ayudar a frenar el crecimiento de células cancerosas y dificultar que se propaguen a otras partes del cuerpo (metástasis), además de favorecer la muerte de las células malignas. Existe un interés creciente en su uso junto con otros tratamientos, ya que podría ayudar a que estos funcionen mejor o que las células cancerosas sean más sensibles a ellos.
Aún falta mucho por investigar, pero el CBD ya está cambiando la manera en que entendemos el tratamiento del cáncer de hígado. Más que una solución definitiva, el desarrollo de terapias basadas en CBD representa una nueva puerta que apenas comenzamos a explorar y que podría transformar desde los aspectos legales regulatorios del uso del CBD, hasta la forma en que enfrentemos esta enfermedad en el futuro. Por supuesto, todo lo anterior teniendo en mente el beneficio que podrían tener los miles de pacientes que cada año son diagnosticados y que lamentablemente fallecen de cáncer de hígado.

